30 nov. 2010

Cap 1 - Introducción

Sociobiología es una síntesis de varias disciplinas científicas que intenta explicar y predecir la conducta de los individuos de las diferentes especies considerando el valor adaptativo (evolutivo) de ese comportamiento. Cuando se aplica a la especie humana se ha llamado Psicología Evolutiva.
 (oprime el botón "Más Información" para ver el capítulo completo).


29 nov. 2010

Cap 2 - Nota de periódico Novedades de QR

El periódico NOVEDADES DE Q ROO publicó el 23 de Nov de 2010 la sigueinte nota en la sección "De última Hora" al final de su primera sección:


SERÍAN LOS PECADOS ÚTILES PARA SOBREVIVIR
Agencias
Hoy en día, diferentes estudios nos permiten conocer los motivos ancestrales que se esconden tras los pecados de los que el ser humano es presa diariamente.
La lujuria responde a la necesidad de procrearnos, la gratificación al comer a la escasez de alimentos en la prehistoria, la pereza se justifica en el ahorro de energía, la envidia nos motiva a superarnos, la soberbia refuerza nuestra autoestima, la ira nos ayuda a conseguir nuestros objetivos, mientras que la avaricia parece ser un proceso mucho más complejo.
Lo anterior parecería señalar que la naturaleza nos quiere malos, no obstante, parece ser que este tipo de impulsos están en nuestros cerebros para procurar que sobrevivamos y no que pequemos exactamente, pues de la misma manera el humano se encuentra naturalmente equipado con la capacidad del razonamiento.
Científicos de la Universidad de Northwestern de Illinois, en Estados Unidos, revelan tras realizar diversos estudios con películas pornográficas que las partes del cerebro que se activan al recibir este tipo de estímulos corresponden a la parte encargada de la supervivencia. 
Dado que la reproducción es una de las funciones básicas del hombre por naturaleza, por lo que la misma encentra a través de la lujuria una forma de motivarla. 
Señalan que la gula funciona de manera similar a la lujuria.
(transcripción completa, fin del artículo)


El texto no tiene desperdicio, en muy pocas palabras transmite la idea casi completa de una interpretación del origen biológico de ciertas conductas. En pos de la brevedad, sin embargo, deja fuera muchas cuestiones y provoca más preguntas que respuestas. El artículo original en inglés se llama The Human Brain: Hardwired to Sin, que se puede traducir como "El Cerebro Humano: alambrado para pecar" es mucho más extenso y apareció en la revista Focus Magazine de la BBC de Londres en Enero de este año, está firmado por Andy Ridgway, editor. 
(puedes ver y descargar el artículo completo en PDF seleccionándolo en la lista de DOCUMENTOS Y DESCARGAS, es el artículo N°1). 


En ambas versiones se trasluce un cierto tono humorístico por la circunstancia de que los "conejillos de indias" fueron expuestos a películas pornográficas para el estudio, mientras estaban dentro de un lector de resonancia magnética, brain scanner, para detectar gráficamente las reacciones de sus cerebros.
En el artículo de Focus se explican algunos detalles adicionales. Por ejemplo, se mencionan las dificultades que se encontraron para seleccionar material pornográfico para mujeres.
En el caso de la lujuria, nos informa que el scanner detecta activación inequívoca de la región del cerebro conocida como el sistema límbico, sobre el cual cada día se descubren más funciones en el control del cerebro. Actúa rápidamente, sin mediación de ninguna otra parte del cerebro, antes inclusive de que tengamos conciencia de la reacción.
A la gula se le atribuye corresponder a tiempos ancestrales cuando la comida era escasa. Lo que antes era un afán de preservación ahora es un pecado.
La información sobre la envidia es aportada por el Instituto Nacional de Radiología de Japón. La parte del cerebro que se activa con la envidia es la circunvolución cingulada, la cual se encarga de procesar el dolor. 

Así, cada pecado tiene su región cerebral dedicada que nos impulsa a caer en él, excepto la avaricia. Aquí hubiera estado bien que se mencionara la relación de este pecado con nuestra tremenda necesidad de status. Está bien estudiado que el status masculino es afrodisíaco para ambos bandos. 

El comentario final es casi un lugar común cuando se tratan estos temas: una meditación sobre qué tanto somos dominados por nuestras emociones, las cuales son un producto de la evolución seleccionado para llevarnos eficientemente a propagar nuestros genes. 

Los tipos de reacciones de los lectores del artículo registradas en el sitio de la revista se apegan a dos de los más frecuentes: tomarlo a broma (gracias a este artículo ahora voy a ser un flojonazo cachondo y tragón sin sentirme culpable) y los que no están de acuerdo porque no pierden la fe en la superioridad de la lógica, el autocontrol y la capacidad del ser humano de elegir el bien.

Yo también veo motivos para el optimismo, pero no en la ilusión de trascender nuestra biología. Los impulsos que supuestamente dominamos fueron perfeccionados por millones de años para ser efectivos sin consultar a nuestra razón. Si no lo fueran no estaríamos aquí, o estaríamos de otra manera, tal vez todavía viviendo en los árboles, no de los árboles, para bien o para mal. 

Creo que la única esperanza está en el verdadero auto-conocimiento a través de la misma biología de la que queremos alejarnos para fantasear que nuestra mente está en contacto con algo así como la conciencia cósmica de los dioses. Para descubrir nuestra verdadera forma de ser  tenemos que estar dispuestos a encarar algunas verdades no muy halagadoras. Los mismos mecanismos neuronales nos llevan a lo más bajo y a lo más sublime, con una lógica en la que no hay doctrinas y el juego consiste en detectar nuestro auto-engaño. 
Ese es el camino a la virtud.







28 nov. 2010

Cap 3 - Artículo en la revista NEXOS

En el número de Noviembre (N° 395) de la revista Nexos apareció este excelente artículo llamado "De Género y Cuotas" en la sección de Ciencia. Está escrito por Luis González de Alba.
(puedes ver y descargar el artículo de NEXOS completo en PDF seleccionándolo en la ventana DOCUMENTOS Y DESCARGAS, es el número 2)
Inicia discutiendo un asunto aparentemente trivial: entre los autores de artículos de la revista hay pocas mujeres. Concluye que también hay pocas lectoras. Pasa a citar varios ejemplos de actividades dominadas por hombres. Conclusión: es un mundo de hombres.
La falta de "progreso" de las mujeres en tantas actividades, ¿es un problema de discriminación? ¿se trata de una serie interminable de casos de misoginia?
Como en una digresión, entra de lleno en una explicación basada en la Sociobiología. Empieza el autor por recordar que los primates machos estamos diseñados por la naturaleza para reproducirnos mucho y morir jóvenes. Somos competitivos porque millones de años de evolución han seleccionado los valores que mejor sirven a la reproducción.
Toca el punto crucial: son las mujeres las que eligen, y por lo tanto, dirigen la evolución en una dirección que produce machos bravucones y exhibicionistas.
Cito textualmete:
"El interés de los machos por competir es claro: atraen más hembras, lo mismo el chimpancé gritón, el alce de gran cornamenta o el hombre que pelea puestos en la industria, la política o, más discretamente, en el mundo intelectual en el que hay relación directamente proporcional entre prestigio y atractivo sexual.
¿Y cual es el interés de la hembra por seleccionar al mejor macho disponible? Uno: su mayor inversión la economía biológica: la hembra y el macho invierten de manera muy desigual cuando se reproducen. El puede simplemente desaparecer (como tantos lo hacen) luego de fecundarla. La inversión de la hembra humana es alta: debe pasar nueve meses de creciente incomodidad, un parto doloroso al que fue condenada desde que nos creció el cerebro y el paso entre los huesos de la pelvis se hizo difícil, debe correr alto riesgo de muerte, meses de lactancia durante los cuales entrega sus propias calorías y proteínas, y años de proteger la infancia de los hijos".
Es una excelente síntesis de la aplicación del punto de vista Sociobiológico en el tema de la relación entre géneros. Sin embargo, el autor no se libra del hate mail. Inmediatamente un grupo de mujeres colocan en el sitio de Nexos una carta de protesta exigiéndole que pida disculpas a todas las mujeres por haberlas insultado. Nos informan las ofendidas, después de recordarnos que la Constitución reconoce la igualdad entre hombres y mujeres que:
"Ser mujer no es enamorarse de una persona mayor sólo por el interés monetario, el enamorarse va más allá del dinero, ser mujer no es tener hijos y nada más, las mujeres tenemos mucho por aportar a la sociedad..."
Lo que las respetables mujeres leen es que González de Alba acusa a ambos géneros de actuar conscientemente en la selección de pareja, es decir, que todas las elecciones son racionales o por amor, como implican las ofendidas ante la afirmación que las mujeres prefieren a los galanes con suficientes recursos.
Esta discusión se repite frecuentemente cuando se expone el concepto de un acto instintivo inconsciente. Nadie va por ahí pensando que su único objetivo en la vida es transmitir sus genes. Éste, es un imperativo biológico inconsciente, en todo caso. Esta sutileza escapa a la mayoría de la gente que contra toda evidencia todavía cree que todos nuestros actos son racionales, conscientes y lógicos.
Para calmar los ánimos o encenderlos más, conviene escuchar a la Socióloga Rosemary L. Hopcroft de la Universidad de Carolina del Norte. Publicó en Junio de 2009 un paper interesantísimo que se llama Gender Inequality in Interaction, que se puede traducir como Desigualdad de Género en la Interacción.
(puedes ver y descargar el artículo completo seleccionándolo en la ventana de DOCUMENTOS Y DESCARGAS, es el N° 3)
La Dra. Hopcroft se enfocó en las sutilezas de las interacciones entre jóvenes de ambos sexos. El objetivo fué detectar, por ejemplo, cómo cambia la conducta en un grupo de hombres cuando se agregan mujeres y viceversa.
Las mujeres se comportan con deferencia hacia los hombres y no al revés. La deferencia se manifiesta sutil pero inequívocamante en interrupciones en la conversación, la toma de decisiones en grupo, la aceptación de la autoridad, etc. . Este comportamiento totalmente inconsciente de las mujeres se inicia a los 18 años y termina con la menopausia.
En seguida pasa la Dra. Hopcroft a hacer un repaso de los puntos más sobresalientes de lo que la Sociobiología aporta a explicar la conducta entre los géneros.


Una parte de este enfoque afirma, en crudas palabras, que el problema de los hombres es saber quién es el padre biológico de los hijos. El problema de las mujeres es que el hombre confíe en ellas como para quedarse a ayudar a la crianza de la prole. Las mujeres que muestran una actitud general desafiante son percibidas con mayores probabilidades de ser infieles. Es una cuestión no sólo de ser, sino de parecer.
Pero, si ese comportamiento existe es porque es una adaptación a la que se llegó por selección natural. Las mujeres que supieron ser deferentes se reprodujeron más hasta que toda la población de mujeres llegó a dominar esta sutileza en la seducción integral de su compañero de aventuras.
Viéndolo desde cierto punto de vista el temor de los hombres no está tan mal ubicado: entre el 4 y el 30% de los niños no son hijos de su padre putativo. El porcentaje de infidelidad que termina en un embarazo, por cierto, es inversamente proporcional al nivel socio-económico. Cornudos y pobres. No surprise there.


Conviene también recordar el orgien de toda esta situación: el sexo es una fuerza antisocial de la evolución. Las parejas se forman y se mantienen unidas a pesar del sexo, no gracias a él, como quería Desmond Morris. La vida debe haberse iniciado muchas veces, hasta que por prueba y error en la naturaleza apareció un material orgánico que se podía reproducir una generación más. Las formas de vida que no lograron reproducirse obviamente ya se extinguieron. Por el método de la fuerza bruta se fueron seleccionando las formas más eficientes de reproducción hasta que apareció la reproducción sexual. Es la mejor porque es la que genera más variación genética en la siguiente generación y nada más. Si no fuera por eso nos reproduciríamos por partenogenesis (copia de los genes en vez de combinación de genes con otro individuo) y nos ahorraríamos el lío monumental (se sufre y se goza) que es la reproducción sexual.
La utopía de una sociedad sin conflictos sólo existe entre grupos donde no se requiere la reproducción sexual. Todos compartiríamos los mismos genes. Al existir la reproducción sexual inevitablemente se da algo que se conoce como dimorfismo sexual. Los intereses genéticos y requerimientos ecológicos de ambos géneros son divergentes. Las hembras seleccionan a los mejores machos por características específicas que los pone en competencia con otros machos por los mejores partidos, como lo señala González de Alba en su artículo. La reproducción sexual existe desde hace 1,200 millones de años. Definitivamente no es un fenómeno cultural ni una construcción social.




Por otro lado, nadie puede negar que las mujeres son oprimidas de mil maneras distintas en nuestra sociedad y en la mayoría de las sociedades del mundo. Hay mujeres golpeadas, asesinadas, esclavizadas y abusadas en mundo de hombres, cómplices entre sí de esta opresión. El punto es que si la mejor manera de ayudar a su causa es dar por un hecho que cualquier descubrimiento científico sobre los resortes que mueven las relaciones entre los géneros en la que las víctimas mujeres no aparezcan como víctimas angelicales y bien peinadas es una ofensa. Si alguna esperanza tiene la causa del feminismo está en entender realmente qué pasa en las mentes de los protagonistas, no lo que dicen que pasa o lo que creen que pasa, sino los impulsos ancestrales que formaron la naturaleza humana y que están operando detrás de nuestras explicaciones pseudo-racionales.


La noción de que la opresión de la mujer es un asunto cultural ha hecho un daño terrible a su causa. Ignora lastimosamente todas las características sexuales secundarias de la mujer, todo lo que está más allá de las diferencias en los gónadas y en los genitales y que definen su psicología, su identidad y sus verdaderos intereses. Las ha llevado a contradicciones enormes en su ideología, las ha llevado también a provocar una resistencia enorme no sólo de los hombres, sino de las propias mujeres que no se pueden identificar con una doctrina que combate la opresión al precio de renunciar absurdamente a la feminidad.


Por otro lado, la perspectiva Sociobiológica es acusada frecuentemente de pretender justificar la opresión con la inferencia automática: si se afirma que alguna conducta es instintiva, está en los genes, entonces se le está justificando, se está diciendo que está bien. Si se demuestra, por ejemplo, que el racismo tiene un origen ancestral con raíces muy profundas grabadas en nuestros genes por selección natural en el temor sanitario al extranjero, se está defendiendo el racismo. Lo que necesitamos entender es que para erradicar verdaderamente algo como el racismo o la misoginia lo primero que tiene que pasar es que descubramos sus verdaderas causas, y entender esas raíces no tiene que ser para justificarlas sino para empezar a tener al menos una oportunidad de hacer honor a la promesa de igualdad, que por cierto ya escribimos en la Constitución.











27 nov. 2010

Cap 4- Video "Home" - Nuestro Hogar

Este video tuvo gran difusión en 2009 y fue creado por Yann Arthus-Bertrand. Es importante verlo como una reflexión sobre la conducta humana. La ONU premió a este video con el Champions of the Earth award en 2009, y fué distribuído gratuitamente en todo el mundo por la organización goodearth.org.
Es incluído aquí como preámbulo al capítulo 5 que trata el tema de la racionalidad de nuestra conducta.
Si quieres verlo por favor activa la siguiente liga:


http://www.youtube.com/watch?v=jqxENMKaeCU

Si ya lo viste por favor pasa al cap. 5.

26 nov. 2010

Cap 5 - La Ilusión de Certeza

"La comprensión es un caso
particular del malentendido"

Antoine Culioli


Como lo muestra gráficamente el video Home, la discusión sobre el cambio climático es en realidad otra forma de exponer la división que hay en el mundo entre ricos y pobres. Los esfuerzos de la ONU como el evento que se realizó en Cancún en Diciembre de 2010, la COP16 (16th Conference Of the Parties) fue otra vez una lucha mediática entre países ricos y pobres. Los pobres quieren que los ricos paguen por el daño ecológico que ya han causado al planeta; los ricos quieren imponer restricciones al daño ecológico que causarán los pobres al tratar de desarrollar sus economías destrozando aún más el medio ambiente a escala mundial. 
Mientras se discute interminablemente quién debe pagar a quién y cuánto, el deterioro del medio ambiente a nivel global continúa acelerándose. Todavía hay gente que de buena o mala fe afirma que el desarrollo industrial es inocente del calentamiento global hasta que no se demuestre irrefutablemente  lo contrario, o sea, cuando ya sea demasiado tarde como muchos afirman que ya es.
La simple sospecha de que nuestra conducta esté destruyendo el equilibrio climático a escala global debería ser suficiente para que cambiáramos nuestra conducta. Las consecuencias de no hacerlo causarán un sufrimiento incalculable a las futuras generaciones, especialmente, para no variar, al los más pobres.



Nos han invitado al activismo ecológico a nivel personal. Producir menos basura, reciclar, manejar autos híbridos, etc. Al mismo tiempo, las verdaderas fuentes de contaminación siguen aumentando su actividad. La generación de electricidad a base de carbón es un ejemplo. Un artículo de National Geographic de Marzo de 2006 (The high cost of cheap coal Descarga N° 4) informa que en Estados Unidos se quema carbón para producir más de la mitad de su energía eléctrica en gigantescas plantas generadoras. Estas plantas producen más contaminantes que todos los automóviles, camiones y aviones del país combinados. Sin embargo, no existe ninguna regulación que limite sus emisiones. Ningún político se atreverá a sugerir que la electricidad aumente de precio para reducir las emisiones contaminantes por complacer a un puñado de fanáticos ambientalistas que traen su cantaleta del calentamiento global. Ningún presidente de Estados Unidos firmará ningún acuerdo que imponga medidas que eleven el costo de la forma actual más barata de producir electricidad en ese país. 


China, que también tiene grandes reservas de carbón y poco petróleo, está enfocada en hacer exactamente lo mismo para dotar de electricidad a los cientos de millones de chinos que ahora tendrán refrigerador, aire acondicionado y televisión. La construcción de plantas generadoras a base de carbón no se está frenando, se está acelerando. Las medidas personales son buenas, pero lastimosamente ineficaces. Se trata de todo un modo de vida que no se modifica porque uso menos papel, o manejo un auto más eficiente. El consumo de papel y de gasolina a nivel mundial sigue aumentando y se acelerará cuando países como China y la India entren a la economía de consumo.



Además los países ricos saben que para cuando el calentamiento global provoque que el nivel del mar suba varios metros como está previsto, ya habrán construido  nuevas ciudades en terrenos más altos. De hecho, será para ellos un boom de construcción, una actividad que mantendrá altos niveles de consumo de energía y causará más contaminación. Los países pobres no tienen en realidad cómo obligar a la gran masa que vive en economías de subsistencia que deje de talar selvas y bosques para tener qué comer ese día, o que deje de cocinar con leña propiciando la erosión de las capas fértiles de la tierra que tardaron millones de años en formarse. El sufrimiento será enorme.
¿Dónde queda la moralidad de todos los demás que somos cómplices de este atraco a las futuras generaciones y a las miles de especies que desaparecerán por nuestra vanidad?
En una hermosa teoría. El sufrimiento actual o futuro de otros en realidad no nos conmueve. No perdemos el sueño por los millones que pasan hambre, enfermedades y violencia todos los días de su vida. Estamos mucho más preocupados por la mejor dieta para bajar de peso, obtener una promoción en el trabajo y organizar la próxima reunión o unas vacaciones. La creciente lista de atrocidades contra los más débiles, como el caso del calentamiento global, confirma que no nos preocupamos por toda la humanidad de la misma manera. De hecho, algunos humanos sí nos preocupan. Otros no importan tanto y otros, la inmensa mayoría, no nos importan en lo absoluto.



 Los psicólogos sociales nos dicen que tenemos tres tipos de sesgos contra el prójimo que no sentimos próximo. El primer sesgo es de similitud: favorecemos a personas que se parecen a nosotros, se visten como nosotros, hablan nuestro idioma, comparten nuestras creencias y color de piel. En otras palabras, sentimos que las personas que se parecen a nosotros son más valiosas que las que no son como nosotros.
Segundo, tenemos un sesgo a favor de las personas que están en contacto directo con nosotros. Ojos que no ven, corazón que no siente. Esto explica porqué ver a un niño llorando nos produce sentimientos mucho más intensos que el saber que en África hay 11 millones de niños huérfanos de padres que murieron de SIDA, una gran parte de los cuales están muriendo. Este tipo de datos sólo nos perturbará momentáneamente.
Nuestro tercer sesgo es a favor de la familia. Somos nepotistas: favorecemos a parientes y entre más cercanos mayor será nuestra preferencia. La vida de nuestros parientes es sentida como más valiosa que la de los que no lo son. Además, si alguien llegara a librarse por algún milagro de estos sesgos y se comportara distinto sería rápidamente catalogado como alguien ingrato o enfermo.
Supuestamente, lo humano es que pensemos en que debemos desear a otros lo mismo que deseamos para nosotros. Lo que es malo que otro haga no puede ser bueno simplemente porque yo lo hago. Desafortunadamente, la naturaleza humana no se apega a la racionalidad ni en esta ni en ninguna otra cosa realmente importante.
¿Cómo resolvemos este conflicto?
La Sociobiología pone al descubierto los mecanismos que entran en acción en nuestra mente para hacernos sentir, no sólo aislados de esta culpabilidad de ser cómplices del sufrimiento de otros, sino además de cultivar una auto-admiración por la supuesta nobleza de nuestros sentimientos. Nadie se ve a sí mismo como egoísta, xenófobo o nepotista. 




Todos tenemos argumentos que justifican la conducta como convenga a nuestra buena imagen, la buena conciencia. Los más críticos nos limitamos a demostrar que los otros son unos pobre diablos que carecen de buen gusto y no tienen idea de lo que deben hacer por no estar en posesión de nuestra verdad. Con esta pose de superioridad moral sólo estamos justificando nuestro desprecio, sin el menor esfuerzo por entender realmente qué es lo que mueve a los otros a hacer lo que hacen.  Esto lo evitamos cuidadosamente porque sabemos que existe el peligro de descubrir que en el lugar de ellos probablemente haríamos lo mismo: que estamos hechos del mismo barro.
El recurso mental favorito es una dosis masiva de auto-engaño.

El auto-engaño no es un vicio de la moral, es un mecanismo de adaptación evolutiva. Es necesario para poder funcionar internamente y en relación a los demás. El engaño en la naturaleza es un mecanismo de supervivencia. Los más hábiles para engañar y para auto-engañarse son los más exitosos. El contexto en el que florece el auto-engaño es la intensa vida social humana que permitió la evolución de su enorme capacidad cerebral.
El proceso completo se repite cada vez que un humano se encuentra por primera vez con otro.  Se procede instantáneamente a una mutua exploración para determinar estatus socioeconómico, inteligencia, educación, actitudes, competencia, confiabilidad y estabilidad emocional. Esta información, transmitida y absorbida en su mayor parte en forma inconsciente, tiene un alto valor práctico. Es vital para cada individuo obtener la máxima puntuación en esta valuación, el más hábil para exagerar virtudes y esconder defectos en una forma convincente obtendrá una ventaja que será generalizada a toda la población por el viejo mecanismo de selección natural. La forma más eficaz de engañar es creyendo la propia mentira. Es así de simple.



El engaño y la hipocresía no son actos diabólicos que los virtuosos suprimen al mínimo, tampoco son rastros de animalidad en espera de ser superados por la evolución social. Se trata de herramientas útiles para resolver las complejidades de la vida social.  Deben ser calibradas para no perder credibilidad o pecar de excesiva honestidad. La verdad sería un ácido super-corrosivo que destruiría el delicado tejido social en el que se han fundado las sociedades que van más allá de un clan. Las buenas maneras son un substituto del amor.
El auto-engaño es esencial para lograr las cosas importantes en la vida. Si queremos conquistar a nuestra pareja, tenemos que creer que nuestra entrega será total y eterna, que no podríamos vivir sin ella o él, que nuestro amor hará época. Si no sentimos esto, no tendremos la fuerza para luchar por lo que más deseamos en la vida. En otras aventuras más frívolas como emprender un negocio, es bien conocida la situación que reportan los más exitosos. Confiesan a posteriori haber distorsionado la verdad o simplemente negarse a verla para minimizar los obstáculos y exagerar los beneficios a un nivel totalmente irracional, pero a la vez saben que si hubieran visto fríamente la realidad como recomiendan los libros de texto de administración, nunca hubieran emprendido esa aventura.
Otro ejemplo interesante de la función vital del auto-engaño la ofrecen las personas que caen en depresión a un nivel clínico. Invariablemente, las personas deprimidas tienen una noción mucho más correcta de lo que son que la que tienen las personas normales. Para su proceso de curación, tienen que encontrar otra vez la forma de auto-engañarse, de sentir que son valiosas, más valiosas de lo que realmente son, o sea como nos sentimos los sanos.



Por mucho, el auto engaño más importante es la creencia en la racionalidad de nuestras acciones. Decimos las cosas con tal convicción porque sinceramente las creemos fundadas en la lógica. En un grupo cualquiera que exista la oportunidad de que cada quien exponga su opinión sobre cualquier tema en particular habrá diferencias, habrá múltiples versiones, inclusive conclusiones mutuamente excluyentes que serán defendidas con absoluta certeza de que los otros son los equivocados. Esto es inevitable. El sentimiento de cada quien es de tener la verdad, de saber la verdad, aunque por simple lógica sea imposible que todos tengan la razón siempre.
La noción vigente de lo que es la naturaleza humana exacerba el problema. Estamos acostumbrados a pensar que el ser humano es racional, que se guía por la lógica y que cuando creemos en algo estamos basados en los hechos. Para iniciar apenas un crudo entendimiento de lo que somos los humanos  es necesario entender que nuestra mente no está diseñada como creemos para conocer la verdad sobre nuestros verdaderos motivos, sino que está hecha para ocultarnos nuestras motivaciones reales de acuerdo a un criterio ventajoso.

Un grupo de neuropsicólogos entre los que están Robert Burton (On Being Certain), Antonio Damasio (Descartes Error), Steven Pinker (How the Mind Works), Benjamin Libet (Mind Time) y Timothy Wilson (Strangers to Ourselves) han encontrado  suficiente evidencia para demostrar sin lugar a dudas que la forma en que adquirimos nuestras creencias es primordialmente emocional y no racional.
El punto central es entender nuestra “sensación de saber”. Cuando damos por hecho algo simplemente porque “sabemos lo que sabemos”, en realidad lo que estamos experimentando es una emoción, no una conclusión lógica.  Es una sensación mental más que una evidencia. Este sentimiento de saber se origina en la región más antigua (evolutivamente hablando) de nuestro cerebro.  Estos órganos cerebrales (sistema límbico)  actúan sin intervención  de la consciencia racional activa. En otras palabras, la sensación de saber es algo que nos sucede, no es algo que podamos controlar.



Lo anterior contradice nuestra experiencia, nuestra intuición. Si no fuera así, no estaríamos tan fuertemente convencidos de tener la razón siempre. En una discusión argumentamos y el que tenga más saliva come más pinole. Se vuelve una cuestión de habilidad retórica, de ingeniosidad para construir argumentos, de aplomo para decir las cosas. Frecuentemente, en estas contiendas la primera víctima es la verdad. Lo que se impone es que suene como algo tan claro como el agua, que se sienta que es verdad.
Cito textualmente a Robert Burton en On Being Certain:

“Para mí, la evidencia es abrumadora: la respuesta es asombrosa y contra-intuitiva, a la vez que inevitable. La premisa revolucionaria en el corazón de este libro es que a pesar de cómo se siente la certeza, no es una elección consciente ni tampoco un proceso mental. La certeza y estados similares de “saber lo que sabemos” surgen de mecanismos cerebrales involuntarios que, como el amor o la ira, funcionan independientemente de la razón.”

El sentimiento de saber algo es lo que nos permite tomar decisiones. Hay que recordar que el cerebro primitivo tiene en todos los seres vivos como una de sus funciones el decidir rápido  para sobrevivir en la naturaleza. Huir o luchar, es bueno o es malo, me conviene o no me conviene. Estas decisiones se deben tomar en fracciones de segundo (menos de 300 milisegundos según nos informa Benjamin Libet en su libro Mind Time). La parte del cerebro en la que se ejecuta el proceso racional entra en acción varios cientos de milisegundos después, principalmente para racionalizar la decisión que nuestro cerebro emocional ya tomó antes de manera inconsciente y presentarla, a nuestra conciencia y a los demás, como la más lógica.
Una forma de auto-engaño colectivo: la creencia de que en un grupo dado de personas educadas todos van a llegar a la misma conclusión si se les proporciona la misma información. Estamos dispuestos sin problema a aceptar que las personas son diferentes en otras cosas, inclusive que puedan tener diferentes temperamentos y preferencias, pero no en este tema. No podemos aceptar que lo que creemos que es un razonamiento lógico dependa de la manera de ser de cada persona. La gran ilusión es que todos estamos dotados de una facultad innata que puede superar nuestras diferencias en percepción y nos permite ver un problema desde una “perspectiva óptima”, es decir, que llegaremos todos a la misma conclusión mediante la aplicación de nuestra capacidad racional.



Sólo con grandes dosis de auto-engaño podemos conservar esta noción ante tanta evidencia en contrario. Luego nos sorprende cómo puede haber gente que piense diferente, culpamos al entorno, a la mala información, al error mental, o peor todavía, a “intereses inconfesables”. Cualquier cosa menos reconocer que la conclusión a la que llegamos siguió un camino arbitrario igual que el del otro. Sólo por casualidad, como implica el aforismo con que inicia este capítulo, llegaremos a estar de acuerdo.

La mente nos juega muchos trucos, éste es uno de los mejores. Estudios ya clásicos con gemelos idénticos (ver el paper: Genetic Influences on Human Behavior, de Matt McGue y Thomas Bouchard de la U . de Minnesota que puedes descargar seleccionándolo en el listado, es el N° 5) demuestran que la forma de ser está determinada principalmente por la herencia genética de cada individuo. Es un estudio estadístico de las variaciones en una serie de rasgos de la personalidad entre gemelos idénticos (monozigóticos) que fueron criados en familias diferentes comparados con gemelos no idénticos (dizigóticos) que fueron criados en familias diferentes. Ya que los gemelos idénticos comparten al 100% la misma herencia genética, se puede identificar qué características son comunes y cuales varían en función del entorno. Estos estudios también son la prueba más utilizada para afirmar que la inteligencia, las actitudes sociales, y en general, la forma de responder y adaptarse al mundo es determinada en un alto porcentaje por factores genéticos.



Lo que queremos creer que es un proceso universal de razonamiento lógico, es en realidad una respuesta emocional que a su vez está condicionada por la herencia genética individual la cual es por definición altamente variable. Cada quien sentimos que sabemos algo de una manera esencialmente distinta. Todo lo demás es una ilusión.

La mente humana no está hecha para que podamos conocer, por simple intuición, nuestros propios mecanismos mentales. Los filósofos y pensadores de otras ramas como los psicólogos que pretendieron llegar a descubrir la esencia de la naturaleza humana por pura introspección, sintieron conocer la verdad, se deslumbraron con la fuerza de la ilusión de certeza en la validez de sus hallazgos. Si los demás no estuvieron de acuerdo, fue porque no siguieron las instrucciones correctamente.
Para empezar a deshacer el embrollo, quizá lo primero es entender para que sí está hecha la mente humana. La respuesta más clara, con más poder explicativo de toda la conducta humana, está en la Sociobiología. Citando textualmente a Steven Pinker en The Blank Slate:

“Las facultades de nuestra mente son un conjunto de intuiciones básicas que soportan facultades adecuadas para analizar el mundo en el cual evolucionamos:

·       Una física intuitiva que nos permite entender y predecir cómo se comportan los objetos en función de su peso, forma y velocidad.

·       Una biología intuitiva que usamos para entender el mundo viviente.

·       Una ingeniería intuitiva que usamos para entender herramientas y sus usos.

·       Una psicología intuitiva que usamos para entender que existen otros individuos que tienen sus propios deseos como causa inmediata de su conducta.

·       Un sentido del espacio para navegar el mundo y tener un sentido de dónde están las cosas.

·       Un sentido de los números que es exacto en números pequeños y aproximado en números grandes.

·       Un sentido de la probabilidad que usamos para predecir qué tan posible es que suceda algo, y qué tan frecuentemente sucederá algún resultado.
·       Un sistema para detectar y medir el peligro ligado a la emoción del miedo.
·       Un sistema para detectar contaminación ligado a la emoción del asco o disgusto.
·       Un sistema para sentir qué es justo y qué es injusto.
·       Un sistema lógico básico para detectar relaciones causa-efecto.
·       Una intuición económica que usamos para intercambiar cosas y favores.
·       Lenguaje, que usamos para compartir ideas. "



    Para bien o para mal, no tenemos ningún sistema adecuado para intuir el porqué existe el mundo, cuándo y porqué se formó el universo, la teoría de la relatividad, y a qué se debe que para un cuerpo que viaja a la velocidad de la luz deja de existir la masa y deja de transcurrir el tiempo.
    Otra habilidad que no tenemos es la de intuir qué sucede en nuestro cerebro. Qué procesos iniciamos voluntariamente y qué procesos simplemente nos suceden por acción de mecanismos inconscientes. En qué consiste y dónde reside nuestra conciencia. Para resolver esta angustia por ignorancia, sentimos que sabemos lo que somos. La ilusión dominante, al menos en occidente, es que tenemos una mente (o un alma) que es el agente que piensa, decide, siente y percibe el mundo distinta de nuestro cuerpo formado sólo por materia organizada en células.
    Como lo explica Antonio Damasio en su libro Descartes Error, la elegancia de esta ilusión convirtió al libro de Descartes El Discurso del Método, publicado en 1637 en un bestseller. La mayor parte de la filosofía occidental está basada en el supuesto erróneo de que los humanos poseemos una parte que es el yo que piensa (Je pense donc je suis) y por lo tanto esa parte es el substrato del ser. Como la parte que piensa está o es el alma (res cogitans) es diferente de la parte que no piensa (res extensa) que es la parte física y mecánica que compone el cuerpo.
    Ahora sabemos que existíamos mucho antes de que estuviéramos conscientes de pensar, de la misma forma que un recién nacido es, sin necesidad de pensar que piensa. Pero la clarificación no importa. Lo que importa es que la noción dualista se acomodó perfectamente con la religión para repetir durante siglos hasta filtrar completamente la creencia de que la mente es algo distinto del cuerpo y que según nos convenga pensar, podemos hacerla que viaje a un cuerpo en la concepción y que se vaya al cielo en la muerte. La neurología moderna nos muestra otra situación quizá más fantástica que la soñada por Descartes: el cerebro humano, con sus millones de millones de conexiones entre neuronas produce todos nuestros pensamientos y sensaciones, todos nuestros estados mentales y emociones. Llegó a ese casi inconcebible nivel de complejidad por el método ciego de selección natural, por lo tanto, todas sus funciones sirven un propósito evolutivo específico que podemos estudiar para empezar a entender cómo funciona realmente y cómo genera nuestra conducta.



     Pero el mundo no está listo todavía para despedirse de su noción de alma. Aún en el mundo secular se observan nociones tipo new age en las que la noción de catecismo del alma se sustituye por campos de energía que, de manera igualmente milagrosa, comunican a todos los humanos, o al menos a todos los que compraron el mismo libro de auto-ayuda.
    Más allá del valor poético o religioso de nuestro auto-engaño existe otro problema: no nos permite entender nuestro propio proceso para llegar a creer en algo y, crucialmente, nos obliga a descalificar cualquier otra opinión que no coincida con la nuestra. Verdaderamente estar de acuerdo es una casualidad. Creemos que vale la pena intentarlo de todos modos, pero ignoramos que al tratar de convencer a otros no sólo fallamos en crear un puente racional, sino que podemos estar creando una nueva barrera de malentendidos. Al ahondar nuestras diferencias cada vez se ve más lejos el lograr la cohesión que nos sale muy bien con individuos de la misma tribu pero muy mal con extraños.



    La verdadera enfermedad del mundo humano no es su larga lista de oprobios e injusticias, ni siquiera los desastres que causa con guerras, intentos de exterminio, enfermedades y contaminación del planeta entero. La enfermedad detrás de todas las otras es nuestra ilusión de certeza. Sentimos que sabemos de tal manera que es imposible no sentir que el otro está equivocado. Entre más nos aferramos a nuestras creencias, más nos alejamos de entender lo que realmente nos pasa.

    Pero sería extraño que un problema de tal magnitud tuviera una solución fácil. Lo único que se puede hacer es empezar a cambiar la manera de vernos a nosotros mismos, de sospechar con humildad de nuestras certezas. 
    Es necesario privilegiar el estudio de nuestra mente a partir de la ciencia que ahora por primera vez ofrece un panorama coherente de cómo funcionamos. Tal vez no encontremos lo que nos gustaría encontrar, pero es la única forma de que podamos ir más allá de la convivencia tribal. Resulta que somos una colección de tribus en perpetuo desacuerdo y con demasiado poder destructivo. Esta vez no hay tiempo para que la naturaleza perfeccione nuestra mente para que se dé la cooperación necesaria antes del auto-exterminio.  Nuestro nuevo conocimiento sobre nosotros mismos es lo único que nos puede llevar a trascender el auto-engaño y mostrar al universo auténtica inteligencia humana.

    24 nov. 2010

    Cap 6 - ¿genes egoístas?

    Si decimos que algún acto está impulsado por un instinto, por ejemplo, de supervivencia o el instinto sexual, sabemos que el individuo no necesariamente está consciente de que con sus actos está cumpliendo, en última instancia, un imperativo biológico. El individuo siente necesidades muy concretas, deseos y motivos que quiere satisfacer. Simplemente quiere poseer el objeto que desea: comida o satisfacción sexual sin estar preocupado por el futuro de sus genes.

    Para describir mejor esta situación, la Sociobiología utiliza una clasificación de causas que impulsan la conducta de los individuos en “causas próximas” o inmediatas y “causas últimas”. Usando el ejemplo del deseo sexual, la causa próxima sería la obtención de placer sexual y la causa última sería la reproducción o propagación de sus genes. Por supuesto que es común que en las relaciones sexuales, por ejemplo, se busque que la mujer no resulte embarazada, esto no cambia que la causa última del deseo sexual sea la reproducción.

    Suena confuso y para mucha gente simplemente es incomprensible. Esta dificultad provoca el rechazo de muchas personas que creen que la Sociobiología afirma que los genes determinan directamente la conducta de las personas, pero en realidad los impulsos biológicos de la conducta casi nunca actúan como causas próximas conscientes. 


    Por ejemplo, si tengo ganas de tener un auto nuevo, no es porque tenga un gen que me impulse a tener un auto nuevo. Tal vez, la cadena causa-efecto pasa por mi deseo de mejorar mi imagen como una persona de éxito, sentirme más seguro de mí mismo, etc. y, al final de la cadena, tener mejor aceptación social mejora mis posibilidades  reproductivas. Sólo a ese nivel podemos suponer que actúan los genes para maximizar nuestro status en un grupo. Es, desde luego, a un nivel inconsciente.


    Este embrollo está involucrado en uno de los grandes malentendidos en la discusión reciente de la Evolución Biológica. En 1976, Richard Dawkins, un eminente profesor de Oxford, Inglaterra, publicó un libro de divulgación científica que se llamó The Selfish Gene (El Gen Egoísta). Fue enormemente exitoso (a smash hit, como dicen sus editores) entre el público no científico a nivel mundial y provocó una división entre sus lectores que cada día se profundiza más. El mismo Dawkins reconoce que la elección del título fue desafortunada, aunque no dudo que haya impulsado las ventas. Además, el libro tiene alta calidad literaria, es muy divertido leerlo, al punto que con él Dawkins ganó el premio Shakespeare de literatura, aparte de muchos otros premios científicos y literarios.


    Como suele pasar con estos temas tan sensibles, la oposición en gran escala viene principalmente de personas que no han leído el libro. Con el puro título tuvieron para concluir que lo que dice Dawkins es que los humanos somos egoístas porque nuestros genes son egoístas. Como lo ha explicado el propio autor innumerables veces, la expresión “gen egoísta” es una metáfora para explicar que la evolución de las especies sucede a nivel de los genes, no de los individuos ni de los grupos de individuos, como se pensó en los medios científicos por algún tiempo.

     Otra manera de decirlo, es que aunque las causas próximas de la conducta varían enormemente entre los humanos, la causa última de lo que hace todo ser vivo es la transmisión de sus genes. Sólo en ese sentido funciona la metáfora.
    En el libro también presenta el concepto de “adaptación incluyente” (Inclusive Fitness) que explica porqué favorecemos a las personas con las que compartimos genes o sea nuestros parientes cercanos: porque tienen, al menos en parte, nuestros mismos genes. Desde ese punto de vista, de lo que se trata es  que sobrevivan los genes, independientemente de qué individuo los porte. 


    Esto hace perfectamente congruente la predicción de que un padre o una madre se sacrificarán por sus hijos. Los genes de individuos que despliegan esa conducta (llamada altruismo primario) fueron seleccionados sobre los que no lo hacían, simplemente porque hace más eficaz su propagación.
    Incluyo este intento de aclaración como preámbulo para los capítulos 7 al 9 que son un video (en YouTube en 3 partes) sobre el libro The Selfish Gene, con la esperanza de que sirva para entender mejor la polémica que surgió en torno a este libro y en general a la obra de Dawkins.

    20 nov. 2010

    Cap 10 - Video Darwin and Your Sex Life parte 1

    La Universidad Simon Fraser de Canadá organizó en 2009 una serie de conferencias que se llamó Darwin and You. Este es uno de los temas en esa serie, el título es Darwin and Your Sex Life, el cual es expuesto por al Dra. Elizabeth Elle. Para ver el video completo es necesario ver los siguientes 4 capítulos